En la Calle

Vio como se acercaba entre la gente desde el otro lado de la calle: alto, hermoso, rezumando seguridad en si mismo; y vio como él veía que lo veía. Tenía ese aire pícaro, esos hoyuelos tenues y esos ojos jade que saben soltar chispas. Era tan evidente que era un niño al que le encantaba encapricharse de las cosas que no pudo evitar sonreírse.

Cuando llego a su altura comenzó a cerrarle la espalda con un suave movimiento envolvente del brazo sobre sus caderas -Nadie se me resiste.- dijo con encantadora naturalidad mientras su aliento le golpeaba la cara.
Eludio su brazo, a tan solo a un par de centímetros del contacto, con un movimiento esquivo de sorpresa, sin dejar de caminar ni de mirarle. Continuo acercándose al autobús de lado mientras, con una sonrisa lineal y unos ojos un poco cómicos, le decía adiós con la mano derecha como una niña pequeña. Entró en el autobús repleto, se detuvo en la escalera, puso cara de payaso triste y le saco la lengua. Antes de que las puertas se cerraran se dio la vuelta. Con el brazo aun a medio camino en el aire la vio alejarse de espaldas entre las sonrisas del resto de los pasajeros.