¡Por fin lo entiendo!


El Fascismo que viene.

Un día mataron a 15 inmigrantes en una playa. Como yo no soy inmigrante, no dije nada.
Al día siguiente echaron a mi vecina de su casa por las deudas que tenía con el banco, pero como yo no tengo deudas con el banco, no dije nada.
Otro día una joven murió en la sala de espera de un hospital por no tener tarjeta sanitaria, pero como yo tengo tarjeta sanitaria, no dije nada.
Después encarcelaron a dos sindicalistas por protestar en una huelga, pero como yo no soy sindicalista, no dije nada….
 ¿Alguien sabe como acaba esta historia?

Si todos lo sabemos. Al final, el abuso, el fascismo, nos alcanza. De una manera u otra se abre paso a través de nuestro pequeño mundo, de nuestra pequeña rutina y empieza a destruir las cosas que amamos. Pero ya nadie puede ayudarnos. Ya hemos dejado que se traspasen todos los límites, que se destruyan todos los mecanismos que una democracia ofrece para protegernos. Los derechos ya no significan nada, la impunidad campa a sus anchas y nos encontramos en una jungla absurda en la que monstruos sin moral devoran nuestras vidas y se ríen de  valores como respeto, solidaridad, igualdad o justicia.


A veces cuesta reaccionar. Cuesta enfrentarse a la verdad y reconocer que las cosas están peor de lo que nos gusta aceptar. Que es verdad que nos mienten. Que nos engañan. Que nos manipulan. Es mucho más fácil no mirar en esa dirección y vivir en la alegre despreocupación de “todavía no han venido a por mí, y puede que no lo hagan”  Pero ¿es más práctico? ¿Es más sensato? ¿Es más inteligente?
Este es el momento de reaccionar. Este es el momento de manifestarse, de protestar, de pedir cambios, de trabajar por ellos. Este es el momento de apiñarnos alrededor de nuestros derechos sociales, de nuestros derechos humanos,  recuperar nuestra dignidad como personas, quizás no ricas, ni famosas, pero personas que tienen derecho a gobernar sobre sus vidas y juntos, comenzar a construir un nuevo país en el que podamos vivir sin miedo.

Mujer Cansada

Cosas a las que no quiero tener miedo hoy: 

-Mis ojos
-El silencio
-Las clases
-El fin de semana

Así nos va...

Una vez, en la universidad, el profesor de administraciones públicas coló una pregunta, disfrazada de afirmación, comentando como era mejor, por ejemplo, que en los hospitales o en educación, no se dejara decidir a los profesores o al personal sanitario a la hora de hacer los presupuestos, por qué éstos tendían a gastarlo en cosas estúpidas, como maquinas de café para los pasillos y no tenían ni idea de lo que realmente se necesitaba.
Para mí fue una provocación tan evidente, un intento tan claro de iniciar una discusión que me eche hacia atrás en mi asiento dispuesta a desconectar, completamente convencida de que mis compañeros comenzarían a rebatirle de inmediato. Que sorpresa. Cada “verdad?” , cada “Es lógico, o no?´ cada, “no os parece?” era recibido por un coro de mudos con algunos sordos asentimientos invitando a pasar palabra. Mire a mi alrededor incrédula ¿Cómo iba un funcionario de administraciones o un cargo político elegido cada cuatro años y en muchos casos con ninguna experiencia en sanidad, saber lo que se necesitaba en un hospital mejor que la gente que trabajaba en él? Aquello no tenía ni pies ni cabeza.
Pensé que el resto de estudiantes, en su mayoría más jóvenes que yo (aunque no tanto, casi todos rozaban los 25), simplemente no se atrevían a hablar y que en el momento en el que alguien comenzara a oponerse, se iniciaría el debate y la razón se impondría, así que me lance al ruedo. El profesor, que era inglés, me siguió el juego de manera afable. Para mí era evidente que solo buscaba la provocación, sabía que lo que decía era surrealista. Posiblemente intentaba atacar alguna estúpida ley o decisión política que se había tomado recientemente. Yo explicaba cosas obvias como una niña pequeña y él manejaba perlas del estilo de: "si les dejas manejar el presupuesto, se lo gastarán todo en uniformes bonitos y fiestas de empresa"
Durante cerca de 15 minutos, en una de las experiencias más bizarras que he tenido en mi vida, el profesor llamaba idiotas y corruptos a la mayoría de los profesionales que trabajan para el gobierno español y mis compañeros de clase, la mayoría más jóvenes que yo, la mayoría aspirantes a funcionarios, le daban la razón con su silencio. Cuando hacía una de sus estrambóticas afirmaciones, yo miraba a mi alrededor, esperando que entre las unas 50 personas que había en el aula, alguien levantara una voz, se opusiera a esa humillación. Pero todos permanecieron sentados, quietos, sin moverse, con la vista clavada en el docente, o en la pizarra, no lo sé. 
Era como una novela de George Orwell, sólo que era la jodida realidad. No sé si por desidia o por miedo a suspender la asignatura, al profesor, a hablar en público o por miedo a que narices, pero nadie abrió la boca. Y espero que fuera por miedo, porque si realmente estaban de acuerdo con las estupideces que se estaban diciendo, entonces apaga y vámonos.
La universidad se ha convertido en un espacio de borregos, y a los ovejas que pasan por allí no les parece objetable que un carga político, que es elegido cada cuatro años, y que está deseando llenarse los bolsillo, sea el único que tome las decisiones sobre las partidas de gastos del hospital. Solo le preocupa el entrar a trabajar en el hospital, o en el instituto, o en la biblioteca; hacerse con un sueldo para toda la vida, y ponerse a gastar. 
Eso, que se llama ahora consumismo y es una versión edulcorada de la antigua codicia, está dentro de cada uno de nosotros y es el cáncer que está acabando con nuestra sociedad. Y esta, señores, es la España, la Euskadi, la Catalunya , el Al-Andalus, los Madriles, las Ceuta y Melilla, la isla Perejil y el Mundo que tenemos. No iniciar un debate inteligente sobre asuntos como este, no reflexionar sin el corsé de lo ya escrito, puede ser un suicidio para una sociedad que aspira a salvarse.

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Hearts of Darkness: A Filmmaker's Apocalypse

La verdad es que no voy mucho ir al cine. La experiencia en si  no vale lo que pagas, y encima las películas tienden a decepcionarme. Muy pocas  me tocan la fibra sensible, y algunas que lo han hecho a veces no resisten la prueba de un segundo visionado. Hay excepciones claro (más de cien años de séptimo arte ya dan para hacer algunas buenas películas...) “Requiem for a Dream” y su hermana “Pi”, algunos films argentinos como “El Polaquito”, “Martin Hache”…, luego están “Ciudad de Dios”, “Blade Runner”, “La Naranja Mecánica”..... y por supuesto "Apocalypse Now"
Esta pelicula de Francis Ford Coppola, es una de esas maravillas que mejoran con cada visionado. La cinta está adaptada de una novela corta de Joseph Conrad "El corazón de las tinieblas" en la cual el capitán Marlow, ante un auditorio de caballeros de su club de Londres, recrea su infernal ascensión por el rio Congo en busca de Kurtz, un empleado de una empresa colonial Belga que ha perdido la razón y vive en las entrañas de la jungla rodeado de nativos que lo adoran como a un dios viviente.

El genio los guionistas de la película, Francis Ford Coppola y John Milius, es que, tras realizar un cambio de escenario tan drástico como convertir África en Asia y el brutal colonialismo europeo del siglo XIX en la guerra de Vietnam, no solo consiguieron que no se perdiera ni un ápice del espíritu del original del libro, si no que en algunos aspectos incluso lo mejoraron. El viaje del capitán Willow río arriba en busca del condecorado boina verde Kurtz, un elemento de la inteligencia militar estadounidense fuera de control, sigue llevándonos hasta el más tenebroso corazón de la demente barbarie humana.
No acaban ahí todas las maravillas que rodean esta película. Hace ya un tiempo descubrí "Hearts of Darkness: A Filmmaker's Apocalypse" un increíble documental realizado por Eleanor Jessie Neil,  esposa de F.F. Coppola durante 50 años, lo que en si ya dice algo sobre ellos dos… En él, desde una posición privilegiada y con testimonios de todos los implicados, la inteligente realizadora nos muestra el caótico, enervante y faraónico rodaje de la película en Filipinas, que llevo al director hasta el borde de la ruina profesional, económica y mental. Escenas tan irreales como cazas filipinos abandonando el rodaje para ir a bombardear guerrilleros, las continuas tensiones con Marlon Brando, que acepta o rechaza participar en la película según se levanta cada mañana, o el infarto del protagonista principal Martin Sheen en pleno rodaje, son solo algunos de las conflictos con los tuvo que lidiar el director día a día. 

Pero eso no es todo. El documental nos muestra como el guión fue prácticamente escrito a medida que se iba haciendo la película, lo que nos proporciona un documento visual único de como se construye un proceso creativo, cuan duro es parir una obra genial, como puede rodearte, absorberte y casi hacerte desaparecer, como te lleva hasta el límite.
 Una de las cosas que más me llamo la atención, es el hecho de como la directora, día tras día, se reafirma en su fe en su marido y tiene la seguridad de que será capaz de acabar su trabajo, cuando ni siquiera él cree en si mismo. Lo que viene a confirmar una vez más el dicho de que "detrás de un gran hombre, hay siempre una gran mujer" ¡Y viceversa!
¿Lo has visto? ¿Qué te parece? ¿Qué películas y documentales recomiendas?

Mi derecho a elegir.

A veces nos ponen frente a los ojos verdades, que sabemos que no son ciertas, pero que nos engañan. Como en un truco de ilusionismo, la falacia esta totalmente maniatada en un tanque de agua en las pantallas de nuestro televisor, estamos seguros de que no podrá escapar, y, de repente, ya no esta. ¿Que ha pasado con esa mentira? En la mayoría de los casos se ha escondido en el paisaje. Sigue estando delante de nuestras narices, puede que sea incluso una de las bases de nuestra realidad. La vemos, pero simplemente no la percibimos.
Hay múltiples ejemplos de esas mentiras fugaces. “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” “El sistema se caería si los bancos fallaran” “Nuestra seguridad esta en grave peligro debido al terrorismo” “No hay nada que podamos hacer para mejorar las cosas” A mi me indigna especialmente una mentira que nos cuelan con ese truco demasiado a menudo. Dicen que solo se puede vivir de una manera.
Yo he elegido ser pobre. No tengo un trabajo de 8, 10, 12 o 14 horas que me hace ganar una pasta gansa al mes. Apenas gano 500. Trabajo menos horas, pero, en contrapartida, tengo tiempo.
Ese tiempo lo utilizo para hacer cosas que me dan más satisfacción que, por ejemplo, unas vacaciones en un hotel de lujo, un gran coche, ropa cara, una casa en el campo.... La posesión de esos bienes forma parte de una carrera en al que no quiero entrar. Me estresa, me obstruye, no me permite crecer como persona, no me hace feliz, no me interesa. Yo soy feliz leyendo, jugando video juegos, con el ajedrez, escribiendo, navegando en internet, hablando con amigos, paseando, estando con la gente que quiero...
Mi apuesta no es ahorrar para cuando sea vieja, o acumular un montón de cosas en una irreflenable carrera por poseer objetos, experiencias, fotos que solo se compran con dinero. Mi apuesta es el presente. Mi espacio vital es mi tiempo. Es una apuesta dura, que suele ser despreciada y te obliga a renunciar a muchas cosas, pero el futuro es incierto, la vida es increíblemente frágil, y yo no quiero hipotecarle mi “ahora” a un mañana que puede no llegar nunca. Yo soy feliz así ¿por qué tengo que hacer lo que tu me dices? Yo no te pediría que tu vivieras como yo lo hago. Se feliz a tu manera.
Hice esa apuesta en un marco muy concreto en el que aun se le permitía a la gente no sucumbir al consumismo sin perder por ello derechos básicos como el de la educación, la vivienda y la sanidad, y, por supuesto, no quiero perder ese marco. Quiero vivir en una sociedad que me proteja si pierdo mi empleo, y no en una que me tira a sus cloacas a pudrirme con otros seis millones de “perdedores” No aspiro a vivir eternamente, pero si me gustaría que en la medida de lo posible esa sociedad respetase mi derecho a la vida y a mi dignidad como persona, atendiéndome si mi integridad física fallara. Yo quiero vivir en una sociedad llena de voces, no en una monocorde que no deja espacio para nada más que el tintinear de las monedas.
Ser “pobre” fue mi elección en su momento y es ahora el destino al que sucesivos gobiernos han abocado a millones de mis conciudadanos. Mientras, el sistema nos repite machaconamente que el dinero, el consumir, el poseer; es la felicidad. La riqueza, esta en un pedestal, es el nuevo dios y en su nombre se pueden pisar seres humanos, se les puede marginar, robar, despojar de sus derechos, de su vida. Se pueden provocar guerras, derrocar gobiernos legítimos, se puede pisar la voluntad de los pueblos.
Yo digo que eso es una mentira más. Que el dinero no es nada. Que es solo un truco en el que nos hacen creer para robar nuestro tiempo. Y que los hombres grises han vuelto.

En la Calle

Vio como se acercaba entre la gente desde el otro lado de la calle: alto, hermoso, rezumando seguridad en si mismo; y vio como él veía que lo veía. Tenía ese aire pícaro, esos hoyuelos tenues y esos ojos jade que saben soltar chispas. Era tan evidente que era un niño al que le encantaba encapricharse de las cosas que no pudo evitar sonreírse.

Cuando llego a su altura comenzó a cerrarle la espalda con un suave movimiento envolvente del brazo sobre sus caderas -Nadie se me resiste.- dijo con encantadora naturalidad mientras su aliento le golpeaba la cara.
Eludio su brazo, a tan solo a un par de centímetros del contacto, con un movimiento esquivo de sorpresa, sin dejar de caminar ni de mirarle. Continuo acercándose al autobús de lado mientras, con una sonrisa lineal y unos ojos un poco cómicos, le decía adiós con la mano derecha como una niña pequeña. Entró en el autobús repleto, se detuvo en la escalera, puso cara de payaso triste y le saco la lengua. Antes de que las puertas se cerraran se dio la vuelta. Con el brazo aun a medio camino en el aire la vio alejarse de espaldas entre las sonrisas del resto de los pasajeros.



Matar a un Ruiseñor

Hay novelas capaces de despertar en nosotros la capacidad de volver a la infancia. Cuando pienso en “Matar un Ruiseñor” (“To Kill a Mockingbird” de Harper Lee), me invaden la ternura, la inocencia, la esperanza... pero también el dolor del crecimiento, de la injusticia, el coraje ante la muerte. 


A través de un sol cambiante pero a la vez perpetuo, las travesuras de Scout, Jem y Dill nos transportan a una pequeña comunidad sureña de Estados Unidos durante la crisis de los años 30. La tremenda curiosidad, imaginación y determinación de los enanos crean una serie de delirantes aventuras con risas, llantos, misterios, sorpresas y todo lo que hace que un niño pueda disfrutar. No hay espacio para el aburrimiento en casa del abogado local Atticus Finch.
A la vez, a través de esas aventuras y desde la ventana al mundo que es su padre, va apareciendo un cuadro de una época tan dura como bella de la historia del sur de Estados Unidos. El débil equilibrio de su pequeña y pacífica comunidad esta en peligro. La crisis de las hipotecas, la pobreza, el racismo, la injusticia social, todas van pasando ante Scout y Jen que se giran hacia Atticus para obtener respuestas. El respeto, la solidaridad, la responsabilidad, tanto personal como de comunidad; son otros de los grandes temas de este libro. Ni siquiera la religión se libra del escrutinio de los pequeños que van creciendo y transformándose con su mundo ante nuestros ojos.
¿Como se puede dar tanto en 435 páginas? Pues eso es lo grandioso de la novela, que lo hace de una manera fácil, elegante y digna como una vieja dama del sur que se prepara para morir demostrando que puede ser libre y soportar su dolor.
La novela tiene mucho en común con otras que también describen la idiosincrasia del sur de los Estados Unidos desde el punto de vista infantil como , “La Escapada” (o “Los Rateros”) de William Faulkner, o “Las aventuras de Tom Sawyer” y la desternillante “Las Aventuras de Huckleberry Finn” de Mark Twain.
Me encanta este “genero” si podéis recomendarme algo parecido estoy deseando escuchar vuestras propuestas.